Propósito

Era un día normal. Pero algo no se sentía bien. Tal vez era el hecho de que todos los sueños que tenía estaban limitados a mi realidad de ese momento. No eran como los sueños de la infancia o juventud donde crees que puedes alcanzar todo lo que te propones. Estos sueños, de hace casi 10 años, eran más realistas; cosas que sabía que podía lograr, con lo que tenía en ese momento, a pesar de que también sabía que no tendrían el impacto que me gustaría tener con mi vida. Sentí como que me había rendido. Había aceptado que está bien tener una vida «normal».

Algo molesto conmigo mismo, en ese momento, empecé a hacer una lista de las cosas que hacía y no eran productivas, y de las cosas productivas que podría hacer como reemplazo en los mismos tiempos. Por ejemplo: reemplazar estar en redes sociales por leer o escribir, o salir a caminar envés de ver TV. Así empecé a hacer cosas que había querido hacer, pero no las había hecho. Es decir, dejé de procrastinar haciendo cosas tan simples como: leer un libro, estirar más, o llevar el carro viejo a que le den un mantenimiento. Estas acciones se tornaron en una bola de nieve de productividad. Estas pequeñas acciones, a su vez, se transformaron en movimiento, y, a pesar de que no sabía exactamente hacia donde iba el movimiento, el simple hecho de accionar fue abriendo puertas y revelando respuestas, con un efecto compuesto increíble.

Cuando uno toma acción con la intención verdadera de hacer el bien, de ayudar, y de seguir tus sueños, cosas que parecen irrelevantes empiezan a tener sentido y todo se va entrelazando. Como decía Steve Jobs, no podemos ver como se unen los puntos hacia adelante, pero al ver tu vida como un «entrenamiento» y observar lo que hiciste y lo que se puede mejorar, el propósito te encuentra (o lo encuentras en tu interior). Estaba ahí todo el tiempo. Esperando que actúes. Esperando a que empieces a hacer las pequeñas cosas que sabes que deberías hacer, pero no las estás haciendo.